martes, 20 de julio de 2010

lunes, 8 de marzo de 2010

sábado, 27 de febrero de 2010

Variedad de libros y sus distintos usos.

LOS TONALÁMATL, LIBROS DE LOS DÍAS Y LOS DESTINOS.

No sólo en la región central sino en todo el ámbito mesoamericano la "cuenta de los días-destinos", el tonalpohualli, tuvo continuada vigencia. No hace falta grande esfuerzo para ver cómo, a partir del nacimiento hasta la muerte, en todos los momentos tenidos como más importantes en la vida, la consulta de los tonalámatl, libros o papeles de los días-destinos, se muestra de requerida necesidad.
El tonalpohualli, conocido entre los mayas como tzolk´in y entre los zapotecas como piye, era "la cuenta de los días y sus destinos". A diferencia del xiuhpohualli o cuenta del año de 365 días, el tonalpohualli estaba integrado po sólo 260.
La cuenta del ao se distribuía en 18 veintenas de días, más otros cinco tenidos como ominosos al final del ciclo anual. En tanto que cada una de las 18 veintenas tenía su nombre propio, los días que los integraban recibían sus nombres de los correspondientes al tonalpohualli. Éstos se designaban por medio de la expresión conjunta de numerales del uno al trece y de veinte caracteres glíficos.
El tonalpohualli estaba dividido en grupos de trecenas de días. Cuatro de sus caracteres glíficos eran los que introducían y orientaban los años: ácatl (caña), hacia el oriente, técpatl calli (casa), hacia el poniente y tochtli (conejo), hacia el sur. (pedernal), hacia el norte,
El tonalpohualli aparece en muchos de los códices que se conservan, tanto prehispánicos como de tiempos históricos. Su función, además de dar nombre a todos los días del año solar, era básicamente astrológica. La conquista no trajo consigo el desuso de esta cuenta. Se conservan manuscritos de ella procedentes del periodo colonial y aun en tiempos recientes se siguió empleando entre grupos mesoamericanos un tanto aislados.

jueves, 25 de febrero de 2010

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lo que era leer y contemplar un libro Mesoamericano.

 
Enterarse a través de la imagen, el texto glífico y la palabra, implica un camino propio y distinto si se compara con lo que ocurre en la cultura occidental. En ésta leer un libro es seguir con la mirada las líneas de palabras escritas allí con el alfabeto. Esas palabras, en cuanto significantes, actualizan en la conciencia del que lee, ideas de imágenes previamente adquiridas y que se hallan en ella como en un repositorio conceptual e imaginativo. La lectura va integrando las ideas e imágenes evocadas y, como en el caso de un ordenador electrónico, las contextualiza de acuerdo con la secuencia que confirió a su obra el autor del libro. Los distintos lectores, al liberar el bagaje de sus respectivas experiencias el contenido de cada elemento en la secuencia contextualizada del libro, estarán acercándose, cada uno de modo diferente, a la misma obra.
Y puede añadirse que aun si la misma persona, en tiempos distintos, vuelve a leer el mismo libro, en realidad reactualiza vivencias diferentes según las variables circunstancias en que se halla. Parafraseando al filósofo

lunes, 22 de febrero de 2010

Los tesoros mexicanos perdidos en el mundo.

La sangría del patrimonio cultural nacional es histórica y en Múnich está por consumarse un nuevo episodio de expolio.
Julio Aguilar
El Universal
Domingo 21 de febrero de 2010

En el año del bicentenario del comienzo de la guerra de Independencia, “soberanía” es una palabra que abunda en los discursos oficiales en México, pero al menos en lo que respecta a la defensa del patrimonio cultural de la nación, es difícil afirmar que el país haya hecho valer su soberanía ayer (en los siglos XIX y XX), e incluso ahora, cuando una colección de más de 700 objetos prehispánicos expoliados del país están a punto de perderse en un litigio judicial que se lleva a cabo en Múnich.
El 17 de febrero pasado, a través de un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) respondió: “no se ha emitido una resolución desfavorable en contra de nuestro país”, luego de que EL UNIVERSAL consignara que la prensa germana informó recientemente que se perfila un fallo definitivo favorable para Leonardo Patterson y otros coleccionistas que sostienen un juicio contra México y otros países por la propiedad de un lote de piezas prehispánicas incautado por la policía alemana.
El UNIVERSAL contactó a Sebastian Schoepp, reportero del diario Süddeutsche Zeitung y uno de los autores del reportaje que informó sobre cómo la justicia alemana está desfavoreciendo los intereses de países latinoamericanos implicados en el litigio.
Schoepp, quien ha estado pendiente del proceso desde que éste se inició en Múnich, explica que México ha fracasado en los tribunales al habérsele negado lo que se conoce como “rechtshilfeverfahren” (proceso de ayuda jurídica), es decir que el Estado alemán se negó a apoyar legalmente las peticiones de México y del resto de los países implicados. Así que, contra lo que afirmó el INAH en su comunicado, el pasado otoño ya hubo una primera resolución desfavorable contra nuestro país. En su comunicado el INAH mintió parcialmente.

El reportero de Süddeutsche Zeitung explica que los países apelaron aquel fallo y ahora el litigio ha pasado a un proceso llamado “eilverfahen” (rápido), en el que es cosa de tiempo para que se dé un veredicto definitivo. Para Schoepp, es muy probable que México se quede “con las manos vacías”.


“La legislación alemana es muy formalista e ignora los deseos de los países latinoamericanos. Aquí los jueces valoran más los supuestos derechos de propiedad de los coleccionistas porque ellos pueden presentar documentos de compra y adquisición, en muchos casos fingido, pero esto no se valora”, explica Schoepp, y continúa: “Por otro lado, hay incapacidad en las embajadas latinoamericanas al tratar con ese formalismo de la justicia alemana. Ellos creen que es suficiente enfatizar su derecho moral. En eso se equivocan bastante”.
Así pues, si es que el gobierno mexicano no se implica al más alto nivel, es muy probable que en poco tiempo veamos un desenlace fatal en contra del patrimonio cultural mexicano. Ésa será una raya más en la historia de una nación que ha visto cómo una apreciable parte de su patrimonio se ha ido al extranjero.


La migración de bienes culturales

En el taller “Protección y salvaguarda de los bienes culturales patrimoniales de la Iglesia en América Latina y el Caribe”, convocado por la UNESCO, que se organizó en la UNAM el año pasado, quedó claro que, por mucho, México es el país latinoamericano en el que más recursos se han gastado, donde mejor infraestructura se tiene y en el que existen leyes más completas para la protección del patrimonio cultural eclesiástico en comparación con el resto de la región. La conclusión incluso puede extenderse al patrimonio arqueológico. Pero esto no es ningún consuelo para la nación: desde Guatemala hasta Argentina, la situación es aún más descorazonadora.
Guerras civiles, invasiones extranjeras, corrupción, ignorancia y desidia han sido algunos de los grandes enemigos del patrimonio cultural mexicano. A veces por manos de locales y otras por manos foráneas, objetos prehispánicos y coloniales han sido sacados del país y muchos otros han sido destruidos. Desde el periodo colonial, la herencia cultural ha sido diezmada y lo peor de todo es que el desastre continúa.
Las pérdidas han afectado todo el espectro del patrimonio. Desde la conquista se arrasó con gran parte de la producción cultural de las civilizaciones prehispánicas. El caso de los códices es apenas un ejemplo. Hoy en México se conserva uno de los 20 códices prehispánicos que sobrevivieron a la destrucción.
En la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia se resguarda el códice Colombino; éste forma parte del Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO junto con otros documentos invaluables. El resto de los rarísimos códices prehispánicos está repartido en bibliotecas extranjeras, como el Dresde, el Florentino, el Borgia o el Vaticano...
El recuento de las pérdidas de joyas documentales que algunas vez estuvieron en México es enciclopédica. Aquí, apenas dos ejemplos legendarios: el original del Nican Mapohua, de Antonio Valeriano (sobre las apariciones de la Virgen, escrito en el siglo XVI), hoy está en la Biblioteca Municipal de Nueva York; el original de la Utopía, de Tomás Moro, que alguna vez perteneció a Fray Juan de Zumárraga, ahora se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Austin.

De invaluables archivos y libros que salieron alguna vez de México legal y a veces ilegalmente están llenas varias bibliotecas, sobre todo en Estados Unidos. Con una visión que aquí ha faltado, algunas instituciones han hecho suya la misión de crear colecciones con libros y documetos de procedencia mexicana que hoy son de consulta obligada. Así que, por ejemplo, para estudiar imprescindibles fuentes documentales sobre la historia de México, los investigadores deben acudir a la Biblioteca de la Universidad de Texas. Para consultar archivos y bibliotecas que explican el desarrollo de la literatura mexicana del siglo XX, hay que ir a la Universidad de Princeton.

La sangría de archivos y bibliotecas que pudieron haber formado parte del patrimonio documental de la nación es histórica e inmensa. En El libro de los desastres (que originalmente iba a ser el prólogo de La Ciudad de los Palacios. Crónica de un patrimonio perdido, de Guillermo Tovar de Teresa), el escritor Fernando Benítez calculó que, en el siglo XIX, hasta 1884 “en números redondos el país perdió más de cien mil libros” de alto valor histórico. Pero ése no ha sido el único desastre.


El blanqueo de piezas

El llamado “penacho de Moctezuma”, en el Museo Etnográfico de Viena, y la máscara de Tezcatlipoca elaborada sobre un cráneo humano con incrustaciones de turquesa, en el Museo Británico de Londres, son dos de los objetos que más levantan pasiones entre quienes exigen la devolución de artefactos o ecofactos prehispánicos sacados de lo que hoy es territorio mexicano.
Esos son ejemplos célebres, pero el mundo está lleno de objetos arqueológicos que han sido extraídos de suelo mexicano. Pectorales de jadeíta de Chichén Itzá, tableros en caliza de Palenque, pinturas murales de Teotihuacán, dinteles de Yaxchilán son algunos tesoros que forman parte de las colecciones del Museo Peabody de Arqueología y Etnografía de la Universidad de Harvard, de la Dumbarton Oaks Research Library and Collection en Washington, del Instituto de las Artes de Chicago o del Museo Británico de Londres.
De un sórdido saqueo en las selvas mexicanas, muchos objetos hoy resguardados por importantes instituciones de renombre mundial pasaron de mano en mano, algunos desde hace siglos, hasta parar en las vitrinas de museos europeos y estadounidenses principalmente, a veces por donación, pero casi siempre a través de la venta.
El patrimonio arqueológico ahora tiene nuevos mercados. En las últimas décadas, algunos objetos prehispánicos se han sumado a los inventarios de instituciones tan lejanas como la Galería Nacional de Canberra, en Australia, donde el traficante de origen costarricense Leonardo Patterson, el mismo que hoy litiga contra México en Múnich, vendió y “donó” en los años 70 antigüedades de origen olmeca, como pudo comprobar El UNIVERSAL en los Servicios Curatoriales de esa institución australiana.

Al resguardo de instituciones extranjeras respetables, finalmente han terminado por blanquearse objetos que salieron de México de manera oscura, por decir lo menos. Aunque en algunas ocasiones el escándalo y el descrédito han acechado y ciertos museos han preferido regresar lo que llegó hasta sus puertas. Por ejemplo, a finales de los años 60 el Museo Metropolitano de Nueva York devolvió una gran fachada de estuco de origen maya, y en la segunda mitad de siglo XX el Museo Peabody devolvió parte de las valiosas piezas saqueadas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá.
A pesar de que leyes internacionales han regulado el comercio de antigüedades, hoy por hoy en Londres, Nueva York, París, Génova, Miami, entre otras ciudades, funcionan galerías en las que se ofrecen piezas de prácticamente todas las culturas prehispánicas que alguna vez se asentaron en México.
Egipto, China, Grecia y Perú han presionado en años recientes para que sus antigüedades no sean adquiridas por los museos. Incluso exigen la devolución de objetos. México, como en otros asuntos, en esta reivindicación no pinta.

para más información en www.eluniversal.com.mx en la sección de cultura.

martes, 16 de febrero de 2010

Amoxtlalpan: En tierra de libros

León-Portilla, 2003.
Fuera del Viejo Mundo, sólo en México y regiones cercanas de América Central floreció la escritura y el arte de hacer libros. Por eso, a esta área geográfica de alta cultura que llaman Mesoamérica, bien puede aplicársele también el nombre de Amoxtlalpan, "en tierra de libros".
De las varias formas de escritura que en ella se desarrollaron dan testimonio miles de inscripcones en monumentos de piedra, en objetos de cerámica, metal o hueso. Y también los libros hoy llamados códices, son portadores de imágenes polícromas y signos jeroglíficos que hablan de aconteceres divinos y humanos.
En las distintas lenguas mesoamericanas existen palabras para expresar una idea afín a lo que entendemos por libro. Daré, como muestra, el caso del náhuatl. Amoxtli está compuesto de ámatl, "papel" (hecho de la cutícula fibrosa que subyace a la corteza del árbol amate, del género de los ficus), y de ox-tli "lo que está aderezado o emplastado". El vocablo resultante, amoxtli, significa "aderezo o conjunto de papeles de amate".
Los amoxtli se conservaban en las amox-calli, "casas de libros", situadas en las escuelas, sobre todo en las sacerdotales, y en los templos y palacios. Bernal Díaz del Castillo, el soldado cronista que pudo ver algunas de esas amoxcalli, describe cómo eran los dichos libros. Sus lectores españoles pudieron imaginarse esas largas tiras de papel o de pieles de venado adheridas entre sí, que se plegaban "como paños de Castilla" de suerte que la superficie de cada doblez equivalía a una "página".
Hoy, a pesar de las destrucciones que acompañaron a la Conquista, sobreviven unos pocos de esos códices prehispánicos. No tenemos, por tanto, que acudir ya a la imaginación para conocer cómo son los códices. Hay además repreducciones facsimilares de ellos. Así, aunque no sea siempre fácil acercarse a un códice original, y menos aún tenerlo en las manos e ir desplegando sus páginas, nos queda la compensación de las modernas ediciones, algunas en verdad tan fieles que casi parecen falsificaciones.

lunes, 15 de febrero de 2010

Códices. Los antiguos libros del nuevo mundo.

Miguel León-Portilla, 2003.
 
Libros de pinturas y caracteres llamaron en el siglo XVI los cronistas españoles a los manuscritos que hoy nombramos códices de Mesoamérica. Puesto que estoy dando como título a este trabajo la palabra códices, pienso que será pertinente una consideración sobre el empleo de ella para designar a los que de hecho son los más antiguos manuscritos del Nuevo Mundo.
Inquiriendo acerca del vocablo codex -del que proviene códice- nos encontramos con que su significado original fue el de “tronco”, del cual se derivó otra acepción: la de “tablillas donde se escribe”. En ellas, en la antigüedad clásica, los escribanos registraban una variedad de textos.
Aplicar el vocablo codex y códice a los libros manuscritos guarda estrecha relación con el concepto original de “tablilla donde se escribe”. Así, codex significó en la Edad Media “libro manuscrito”.

A punto fijo no se sabe quien fue el primero en aplicar la palabra códice a los antiguos libros de Mesoamérica. Todavía en el siglo XVIII y principios de la siguiente centuria se los mencionaba de otras varias formas: “manuscritos figurativos”, “libros de pinturas”. 
Cuando se publicaron en Europa y México, a finales del XIX, reproducciones bastante cuidadas de varios de estos manuscritos, en casi todos los casos aparecieron con la designación de codex o códice. Esto ocurrió con las ediciones patrocinadas por el duque de Loubat, varias con comentarios de Eduard Seler y, asimismo, con las que sacaron a la luz Francisco del Paso y Troncoso, Antonio Peñafiel y Alfredo Chavero.

Aunque los libros de pinturas y caracteres de Mesoamérica difieren en varios aspectos de los códices europeos medievales, se conocieron ya universalmente como códices del México antiguo. De las diferencias que hay entre unos y otros cabe otra que los de Mesoamérica ostentan formas de presentación muy distintas. Así, no tienen hojas propiamente dichas, ya que se elaboraban a modo de biombo o acordeón, de rollos o se pintaron sobre lienzos. Además, en tanto que los códices europeos no llevan necesariamente pinturas, los de Mesoamérica las tienen como elemento característico.

Fue en el siglo XIX, y más ampliamente en su segunda mitad, cuando se introdujo y se generalizó el vocablo códice para referirse a ellos.

viernes, 12 de febrero de 2010

Códice Borgia


En muchos estudios se considera que la escritura mesoamericana está muy relacionada con el arte pues se generó a partir de verdadero pensamiento conceptual; es decir, lo que le da el carácter artístico es que las imágenes se usan como representación plástica y/o como signos de escritura. De aquí que se considere entonces al tlacuilo un artista, pues utilizaba este tipo de escritura al elaborar los códices.

Láminas 20 y 21 del Códice Borgia.

Láminas 22 y 23 del Códice Borgia.

Láminas 24 y 25 del Códice Borgia.


 Láminas 26 y 27 del Códice Borgia.

CARÁCTER DEL CÓDICE BORGIA

En su aspecto y presentación el manuscrito está elaborado en catorce tiras de piel curtida de ciervo las cuales miden aproximadamente 27cm y distinto largo. Estas tiras se unieron de tal manera que forman una larga tira de 10.34m revestida a ambos lados de una delgada capa de estuco y plegada a manera de biombo, de modo que resultan 39 secciones pintadas a ambos lados, cada una de 27 x 26.5cm con un largo total de 1027cm a 1034 cm aproximadamente. Sólo los dos lados exteriores del paquete de pliegues no tienen dibujos pues en ellos iban pegadas las cubiertas de madera. Las tapas que lo cubren actualmente no son las originales sino unas de madera que se colocaron mucho tiempo después. Para hacer alguna lectura del códice, cada una de las largas tiras se colocaban horizontalmente comenzando así a leer de derecha a izquierda. La variante más usada es la del bustrofedon o lectura en zigzag, de abajo hacia arriba.

Portada y contraportada del códice Borgia



Se distingue de los demás no sólo por su tamaño o por el estilo de sus dibujos, sino sobre todo por tener una serie de láminas con imágenes que representan al planeta Venus, astro en torno al cual giraban las concepciones astronómicas y mitológicas de los mexicanos y centroamericanos, en su viaje a través del Infierno (Seler, 1963).



lunes, 8 de febrero de 2010

HISTORIA DE LOS CÓDICES MEXICANOS.


Manuel A. Hermann Lejarazu.
CÓDICE BORGIA.

Actualmente continúa siendo materia de debate entre diversos especialistas no sólo el lugar de origen de uno de los manuscritos religiosos más importantes de la antigua Mesoamérica, sino también la manera en la cual pudo haber sido adquirido ese documento por el cardenal italiano Stefano Borgia hacia la segunda mitad del siglo XVIII.
Se debe a Alejandro de Humboldt no de los relatos más populares acerca de la historia del códice pues menciona que al pertenecer a la familia Giustiniani cayó en manos de los sirvientes de esa casa y posteriormente a los hijos de éstos; cuenta también, que el Cardenal Borgia lo rescató el manuscrito cuando estos niños lo estaban quemando. (Seler, 1963, p. 9).
Recientes investigaciones, llevadas a cabo por Anders, Jansen y Reyes García en los archivos de la Congregación, revelan que el Cardenal Borgia era un verdadero erudito que compartía su colección científica con numerosos intelectuales de la época. Especialmente valioso para su museo era el “códice mexicano”, por lo que nunca reveló cómo logró adquirirlo. Por lo tanto, Anders, Jansen y Reyes García consideran inverosímil la historia escrita por Humboldt, pues opinan que uno de los herederos de Borgia puso en circulación esa anécdota para reforzar su posición en un pleito legal.
Una segunda versión acerca de la adquisición del manuscrito fua publicada por el padre Franz Ehrle en su estudio introductoria a la edición facsimilar del Códice Borgia de 1898. Afirmó que el códice había sido salvado de un auto de fe en alguna plaza de México y que un ex alumno lo había sacado del fuego para posteriormente enviárselo a Stefano Borgia en 1762. sin embargo, Anders, Jasen y Reyes García señalan que tal historia tampoco es convincente, ya que el documento debió haber llegado a manos de algún italiano en el curso del siglo XVI, pues en la página 68 se observan varias anotaciones escritas en ese idioma cuya letra o caligrafía corresponde al estilo entonces en uso.
Existe la referencia de don Francisco del Paso y Troncoso en sus comentarios al Códice Borbónico publicados en 1898 en donde señala que el cardenal Borgia “salvó del olvido y probablemente de la destrucción” el códice que lleva su nombre (Del Paso y Troncoso [1898] 1981, p. 54), pero tampoco menciona el famoso pasaje de la “quemazón infantil”.
Ander, Jansen y Reyes García opian que una pista más sólida se encuentra en la interpretación de Lino Fábrega; pues según éste último, l manuscrito fue en efecto salvado de las llamas, pero durante varios siglos permaneció ignorado en plazas y gabinetes de América y Europa. Por lo tanto, es posible que el códice haya sobrevivido a algún “auto de fe” efectuado en el siglo XVI y que por mucho tiempo estuviera en posesión de diversos coleccionistas, hasta que por razones desconocidas fue vendido u obsequiado a Borgia. No obstante, Batalla Rosado (2008) ha externado sus dudas sobre esta última versión.

sábado, 6 de febrero de 2010

La mitad del Universo. La fuerza femenina en los códices mixtecos.


Salvador Rueda Smithers.
"Las mujeres y sus diosas en los códices prehispánicos de Oaxaca"
(Cecilia Rossell y María de los Ángeles Ojeda, 2003).

Los dioses celestes viven arriba, sobre la franja de la que cuelgan los astros, en el techo del mundo; abajo, los hombres pueblan el plano horizontal de la Tierra. El inframundo es el lugar de los muertos y de las divinidades frías y acuáticas. Así urdieron su cosmografía los indígenas mesoamericanos antes del contacto con los europeos. Esa forma del orden que explicaba la estructura vertical del Universo era reflejo de uno de los arquetipos más antiguos y duraderos de la historia humana.
Este mapa mental del orden señala que el mundo no siempre fue así. En el origen, antes de la creación del tiempo y de la invención del calendario, la inmóvil deidad pareja, con su doble naturaleza femenina y masculina, decidió partir al Universo y unir sus distintos niveles en sus extremos, en los ejes del Cosmos: en los planos superiores quedaron las fuerzas masculinas, calientes, luminosas, secas, en los invisibles bajo tierra, los poderes femeninos, oscuros, húmedos, los relacionados con la muerte.
Aunque invisibles, los dioses fueron descritos físicamente, plásticamente no se descuidó representarlos cargados de signos de identidad; con cuidado en los detalles se reprodujeron maneras, colores, gestos, circunstancias, atavíos, entre otras características que se conocen o que se adivinan y que daban cuerpo a un vocabulario cuya lectura conjuntaba el aprendizaje de los códigos artísticos y la memorización de sus largas biografías.
Rossell y Ojeda escogieron elaborar sus explicaciones a través del fascinante y todavía abierto estudio de los documentos pictográficos oaxaqueños. De estilo iconográfico conocido como Mixteca-Puebla, “compartido por varias etnias que lo adaptaron a su cultura visual y a sus lenguas”, la exactitud de sus trazos que abreviaban símbolos y  la riqueza de sus paletas se desdoblaron hacia el último tramo prehispánico como un estilo internacional que abarcó todo el altiplano central de México. Dos conjuntos de documentos de este estilo sobrevivieron a la incuria y a las violencias de la historia: el Grupo Borgia y los códices mixtecos, “valioso acervo con doce de los diecisiete códices prehispánicos que sobrevivieron a la destrucción causada por la invasión europea.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Glifos de cargos, títulos y oficios en códices nahuas del siglo XVI

Perla Valle
El imperio español dejó pendiente el reconocimiento del castellano como lengua común después de 1521; sólo grupos selectos de la nobleza y varios funcionarios indígenas y mestizos lo aprendieron durante las primeras décadas coloniales. En términos generales, la castellanización de los pueblos indios avanzó con lentitud durante los siglos siguientes, sin cubrir la totalidad del territorio, hasta el siglo XVIII en que la Corona mostró interés en considerar la unificación lingüística de las Indias y demás territorios conquistados (Guzmán Betancourt, 1997: 23-37).
Desde las primeras décadas posteriores a la conquista se requirió de la comunicación oral y escrita en castellano y en diversos idiomas locales con la administración colonial. Esta circunstancia ocasionó varias modificaciones en la escritura de los pueblos nahuas, que mostró numerosos cambios, pérdidas y diversas adquisiciones. Sin embargo, la continuidad en la elaboración de códices, paralela a la práctica del lenguaje oral indígena, favorecieron la adaptación de las imágenes y sus valores fónicos y simbólicos a la trascripción de términos en castellano. A su vez, fue posible representar objetos y significados propios de la cultura dominante con grifos tradicionales o con la adopción de nuevas imágenes adaptadas a las convenciones establecidas en la escritura desde la época prehispánica.
En varios estudios sobre la escritura nahua del siglo XVI, el doctor Joaquín Galarza analizó diferentes facetas de los cambios y adaptaciones observados en varios códices de esa época. Estos trabajos han permitido leer la documentación en forma más completa, con menos errores y, en consecuencia, entender mejor su contenido en estudios posteriores. Galarza estableció que el problema para los tlacuilos “radica en la representación pictográfica de los nuevos nombres tomados de la religión católica. Tratan de superarla explotando el carácter simbólico y a la vez fonético de su escritura tradicional”.
Un caso semejante se percibe en los grifos de cargos y títulos, pero en ellos no se presenta con la misma frecuencia el problema del simbolismo como en los nombres cristianos, sólo pocas veces se recurrió a representaciones de imágenes asociadas para registrar un cargo por su significado. Lo más importante era resolver la transcripción de los valores fónicos de los elementos que forman los grifos tradicionales y que reproducen los nombres de funciones administrativas, de méritos o grados y de oficios. 

martes, 2 de febrero de 2010

Las escrituras que privilegian la imagen: cuatro casos.

Anne-Marie Vié-Wohrer

Desde hace 100 000 años que el ser humano está capacitado para hablar pero sólo escribe desde hace 5 500 años. En la historia de la humanidad, únicamente una pequeña minoría ha practicado la escritura y hoy, a pesar de todo el tiempo transcurrido, todavía mil millones de personas no saben leer ni escribir. Actualmente existen veinticinco sistemas de escritura en el mundo: el sistema chino es el único de aquellos basados en la imagen que ha resistido a las vicisitudes de la historia.
La escritura es un sistema de signos, al igual que los gestos, los sonidos y las imágenes. Pero en qué difiere de éstos? Según el concepto occidental de escritura, ésta es, en primer lugar, un medio para registrar la lengua que le precede; y en segundo, un medio para conservar la formulación de una idea.
Muy a menudo se cree que la escritura es una transcripción de la lengua; sin embargo, se trata más de una traducción que de una transcripción porque siempre existe un “intervalo” entre lo pronunciado y lo escrito. La escritura se sitúa a mitad del camino en la confluencia del lenguaje (sonido) y de la imagen (grafía): coloca y distribuye en un espacio dado las palabras de la lengua.

Este trabajo trata del lugar que pueden ocupar las escrituras del México Central (“aztecas” y mixtecas) dentro del gran conjunto de las escrituras llamadas pictográficas, en oposición a las escrituras alfabéticas. Se presenta brevemente el origen geográfico e histórico, así como los principios generales que rigen cada una de las escrituras pictográficas más conocidas: la cuneiforme sumeria, la ideográfica china y la jeroglífica egipcia. Como conclusión se hablará de las concordancias posibles entre éstas y las escrituras mesoamericanas. Te invito a que leas este excelente trabajo en: “Los códices y la escritura mesoamericana” de la revista Desacatos. Revista de Antropología Socia. Publicación cuatrimestral del CIESAS, septiembre-diciembre de 2006.

lunes, 1 de febrero de 2010

Joaquín Galarza, el científico y el hombre: su legado a México y a la humanidad.

Miguel Ángel Recillas Gonzáles
Joaquín Galarza nació en San Luis Potosí, México, el 2 de octubre de 1928. Su conocimiento de la lengua francesa le permitió -tras haber obtenido la maestría y el doctorado en letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM- continuar sus estudios en París, donde obtuvo el diploma superior de bibliotecario. Trabajó en el ejercicio de esta profesión en la Biblioteca Nacional de Paris con el fondo mexicano, lo que le proporcionó el primer contacto con los códices resguardados en ella. Después desempeñó el puesto de bibliotecario especializado en la Biblioteca del Museo del Hombre. Ambas experiencias fueron fundamentales porque le despertaron el interés por el estudio de la etnología con el fin de acercarse más al contenido de los documentos indígenas. Obtuvo el doctorado en etnología en la Universidad René Descartes Sorbona, y posteriormente el doctorado de estado en letras y ciencias humanas en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en Francia. Para conseguir estos grados desarrolló dos tesis sobre documentos coloniales: Lienzos de Chiepetlan, en la que estudió documentos del estado de Guerrero; y Codex de Zempoala, manuscrito indígena del Estado de Hidalgo, México. En estos trabajos cimienta las propuestas metodológicas para el estudio de los códices, convirtiendo estos tratados en dos clásicos fundamentales para el estudio científico y exhaustivo de la escritura tradicional azteca.

ENFOQUE ETNOLÓGICO.
El principal y más conocido aporte de Galarza es el estudio de los códices desde un enfoque etnológico, que lo llevó a plantear y proponer un método científico para el desciframiento y lectura de los manuscritos indígenas tradicionales, cuyos resultados sirvieron de base para la teoría de la escritura azteca, en particular, y mesoamericana en general, así como para la continuación de los estudios sistemáticos contrastables por él mismo y por otros nvestigadores.
EL ESTUDIO DE LA LENGUA NÁHUATL.
Surgió en él la intención de estudiar la lengua náhuatl como lengua viva, es decir, una que sirve para la comunicación en la actualidad y que es utilizada en todas las actividades de la vida cotidiana, de manera que este conocimiento también contribuyera a una comprensión del llamado náhuatl clásico -utilzado en los códices- y para su posterior enseñanza. 
SU OBRA EDUCATIVA Y LA ENSEÑANZA DEL MÉTODO DE LECTURA DE CÓDICES.
Los aportes de Galarza en el campo educativo y didáctico -además de aquellos relativos a la enseñanza del náhuatl- también son variados, tanto que lo llevó a explicar también los resultados de la investigación sobre códices de manera lúdica y didáctica, adoptando sus técnicas a las posibilidades de los niños.
TRABAJO EN GRUPO.
Desde sus primeros trabajos exhaustivos de análisis de códices se percató de que abordarlo desde esta perspectiva era una tarea monumental que sólo se podría lograr con la formación de grupos de trabajo y la participación de especialistas en distintas áreas del conocimiento. sólo así se abría la posibilidad de abordar los diferentes contenidos temáticos de estos manuscritos y de los hablantes y especialistas de la lengua indígena en que están escritos.

viernes, 29 de enero de 2010

El estudio de los códices

Luz María Mohar Betancourt
Rita Fernández Díaz
La costumbre generalizada sobre el estudio de los códices todavía camina hacia la interpretación de estos manuscritos indígenas entendiéndolos como mera iconografía que ilustra la glosa española -postura iniciada a principios del siglo XVI y en gran medida vigente al inicio de este milenio- , un conjunto de investigadores se reúne para confrontar esta posición en torno a lo que el enfoque etnográfico teórico-metodológico galarziano propone: considerar el conjunto de glifos o pictografías como textos escritos con base en la imagen codificada como un complejo sistema plástico lingüístico que, antes de interpretarse, debe ser leído.
Desde el momento en que los españoles conquistadores del territorio mesoamericano se enfrentaron a los habitantes de esas nuevas tierras, algunos de ellos quedaron sorprendidos ante la majestuosidad y complejidad de los centros urbanos, de su organización y de la especialización lograda entre sus habitantes. En consecuencia, el reconocimiento de la existencia de la escritura en las culturas indígenas fue cuestionada. Algunos conquistadores y funcionarios no podían aceptar que existiese una forma de registro distinto a la escritura alfabética. Esta posición perduró durante varios siglos y todavía hoy es fuente de debate con la postura opuesta.
El interés de personajes europeos por el estudio de estos libros o amoxtli contribuyó, en gran parte, a la dispersión de la documentación que había sobrevivido a la conquista.
En este texto se entiende por códice “los manuscritos de los indígenas mesoamericanos que fijaron sus lenguas por medio de un sistema básico del empleo de la imagen codificada, derivada de sus convenciones artísticas” (Galarza, 1990: 15).
Los investigadores de los documentos pictográficos indígenas tradicionales o códices mesoamericanos legaron un importantísimo acervo de conocimiento construido durante más de 500 años, que ahora es cimiento de nuevas propuestas y enfoques interdisciplinarios. Sin embargo, la escritura carece, hasta el momento, de una disciplina científica que la tome como objeto de estudio; y si este no se ha realizado con profundidad, los estudios sobre la escritura mesoamericana son incipientes, sin fundamentos científicos y, casi siempre, llenos de interpretaciones despectivas.
A partir de 1960, y hasta la fecha, se realiza una serie de estudios sistemáticos que han gestado lo que hoy se conoce como Teoría de la escritura mesoamericana. Esta corriente afirma que los códices son manuscritos pictográficos indígenas tradicionales, que conforman una compleja escritura a partir de la imagen codificada. Los investigadores a ella adscritos han desarrollado un método cuyo análisis sistemático, exhaustivo y científico trata de dar cuenta de la totalidad de los elementos en los códices. Este método está creado de tal manera que puede ser aplicable a los diferentes grupos de manuscritos indígenas tradicionales. Joaquín Galarza, iniciador de esta línea de estudios, elabora y desarrolla las bases de la teoría de la escritura mesoamericana y propone este procedimiento, cuyo propósito es efectuar un verdadero descentramiento del ojo occidental para descubrir leyes y reglas, a distintos niveles, así como funciones variadas en los signos que conforman el complejo sistema de escritura (Galarza, 1979). A partir de esta propuesta teórico-metodológica, el análisis de los documentos pictográficos indígenas da un vuelco en esa dirección. Su aplicación ha permitido obtener resultados importantes en lo relativo a leyes y convenciones del sistema.

jueves, 14 de enero de 2010

Mamíferos terrestres nativos de México

Fernádo A. Cervantes
Alondra Castro-Campillo
José Ramírez-Pulido


A México se le reconoce como el territorio del continente americano con el mayor número de especies silvestres de mamíferos nativos (Ramírez-Pulido y Castro-Campillo, en prensa) y se encuentra en segundo lugar a nivel mundial (Mistermeier y Goettsch de Mittermeier, 1992).
Es sabido que como parte fundamental del conocimiento y estudio de la diversidad mastozoológica mexicana para llegar a la elaboración de inventarios biológicos precisos, se requiere de la participación eficiente de las colecciones científicas (León Paniagua, 1989). En estos acervos biológicos se genera el conocimiento sobre el tipo y número de especies en cuestión, los nombres científicos en uso corriente y su arreglo sistemático. Es por ello que, una compilación sobre los mamíferos nativos terrestres mexicanos con los cambios taxonómicos y nomenclatoriales recientes es importante para definir adecuadamente el tipo y número de especies del país, para agilizar el funcionamiento de las colecciones mastozoológicas y para diversos fines.
Una lista es una guía básica susceptible de modificaciones posteriores, de acuerdo con los cambios taxonómicos y nuevas especies que se den a conocer, por lo que se justifica plenamente la revisión constante y la publicación periódica de este tipo de información.
La lista que se presenta se basa fundamentalmente en:
1.       la revisión de ejemplares de mamíferos depositados en las Colecciones Mastozoológicas de la UAM de la Unidad Iztapalapa y del Instituto de la UNAM.
2.       Las referencias de Ramírez-Pulido y Castro Campillo (1990) y Ramírez-Pulido et al. (1983, 1986).
3.       Las referencias sobre el tema publicadas de 1988 a la fecha.
Las colecciones mastozoológicas tradicionalmente asignaban un orden filogenético hasta el nivel de especie y dentro de ésta, las subespecies se ordenaban alfabéticamente. Actualmente, se prefiere ordenar los ejemplares de manera distinta por la facilidad que representa su mantenimiento y consulta. Esto es, se conserva el orden filogenético hasta subfamilia pero tanto los géneros como las especies se acomodan alfabéticamente.
Se enumeraron 450 especies de mamíferos silvestres nativos de México, las cuales quedan comprendidas en 157 géneros, 35 familias y 10 órdenes. Nueve géneros son endémicos, lo mismo que 140 especies. En su conjunto, este acervo mastozoológico constituye la diversidad biológica hasta el momento conocida para estos vertebrados (Ramírez-Pulido y Castro-Campillo, en prensa).

viernes, 11 de diciembre de 2009

Perro


Lámina 11 del Códice Borgia.



Lámina 13 del Códice Borrgia.

 
Lámina 23 del Códice Borgia.

 
Lámina 54 del Códice Borgia.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Perros

Coyote


                                                        Lámina 10 del Códice Borgia.


Lámina 64 del Códice Borgia.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Género Canis


En el orden Carnívora, familia Canidae, se encuentra el género Canis. Éste género se originó probablemente en América del Norte a finales del Plioceno o comienzos del Pleistoceno. Actualmente se le encuentra en estado salvaje en América, Europa, África, Asia y Australia; siendo su distribución geográfica casi idéntica a la del ser humano; es decir, se distribuye en casi todo el mundo.


Los individuos del género muestran una gran variedad de tamaños, desde los 75 kg que puede alcanar Canis lupus hasta los 12 kg de Canis mesomelas o menor para variedades domésticas de perro que a veces no superan el kilogramo.


No se sabe el número exacto de especies pues la disputa principal es si se le considera al perro y al dingo subespecies de Canis lupus o como especies.  Respecto a Canis rufus y Canis lycaon hay dudas sobre su validez por lo que no se sabe si considerarlas o no.

De acuerdo con Ostrander (2008) en la clasificación que propone  -basado en estudios filogenéticos para la familia Canidae-  las especies consideradas para el género Canis son: Canis adustus (chacal rayado), Canis aureus (chacal dorado), Canis latrans (coyote), Canis lupus (lobo común), Canis mesomelas (chacal de dorso negro), Canis rufus (lobo rojo), Canis simensis (chacal del Semién o lobo etíope). El perro doméstico (Canis lupus familiaris) es considerado como subespecie de Canis lupus.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Cánidos





Imagenes obtenidas de: http://sp3.fotologs.net/photo/3/42/58/animalesalvajes/1188327486_f.jpg

Familia Canidae

Es una familia del Orden Carnívora que incluye a perros, lobos, zorros, coyotes y chacales. La característica principal es que son de régimen carnívoro u omnívoro; es decir, que se alimentan de otros animales vivos o muertos (carnívoros) o que su sistema digestivo es capaz de asimilar carnes y vegetales (omnívoros).
Además de ser todos digitígrados lo que les confiere la habilidad de ser más rápidos y más silenciosos que otros debido a que se trata de animales que permanecen o caminan apoyando solamente los dedos de sus patas.


Para las especies actuales, los estudios genéticos han permitido distinguir cuatro grupos filogenéticos principales (Ostrander, 2008): el que incluye al zorro común (géneros Vulpes, Alopex, Nyctereutes y Otocyon), el que incluye al lobo común (Canis, Cuon y Lycaon), las especies sudamericanas (Atelocynus, Cerdocyon, Dusicyon, Pseudalopex, Chrysocyon y Speothos) y por último el género Urocyon.

martes, 24 de noviembre de 2009

Jaguar

 
Lámina 24 del Códice Borgia.

 
Lámina 30 del Códice Borgia.

 
Lámina 44 del Códice Borgia.

 
Lámina 50 del Códice Borgia.

  
Lámina 60 del Códice Borgia.

 
Lámina 63 del Códice Borgia.

  
Lámina 70 del Códice Borgia.


miércoles, 11 de noviembre de 2009

Jaguar


 
Lámina 10 del Códice Borgia.

 
Lámina 12 del Códice Borgia.

 
Lámina 18 del Códice Borgia.

 
Lámina 21 del Códice Borgia.

Este tema de la familia Felidae y en específico de Panthera onca puede complementarse con las entradas anteriores de sobre el Jaguar en dónde se resume un artículo de Yolotl González Torres y una conferencia de Carmen Valverde; se encuentran en éste mismo Blog en la entrada Artículos y la entrada Conferencia, respectivamente.