miércoles, 24 de febrero de 2010

Lo que era leer y contemplar un libro Mesoamericano.

 
Enterarse a través de la imagen, el texto glífico y la palabra, implica un camino propio y distinto si se compara con lo que ocurre en la cultura occidental. En ésta leer un libro es seguir con la mirada las líneas de palabras escritas allí con el alfabeto. Esas palabras, en cuanto significantes, actualizan en la conciencia del que lee, ideas de imágenes previamente adquiridas y que se hallan en ella como en un repositorio conceptual e imaginativo. La lectura va integrando las ideas e imágenes evocadas y, como en el caso de un ordenador electrónico, las contextualiza de acuerdo con la secuencia que confirió a su obra el autor del libro. Los distintos lectores, al liberar el bagaje de sus respectivas experiencias el contenido de cada elemento en la secuencia contextualizada del libro, estarán acercándose, cada uno de modo diferente, a la misma obra.
Y puede añadirse que aun si la misma persona, en tiempos distintos, vuelve a leer el mismo libro, en realidad reactualiza vivencias diferentes según las variables circunstancias en que se halla. Parafraseando al filósofo