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miércoles, 3 de febrero de 2010

Glifos de cargos, títulos y oficios en códices nahuas del siglo XVI

Perla Valle
El imperio español dejó pendiente el reconocimiento del castellano como lengua común después de 1521; sólo grupos selectos de la nobleza y varios funcionarios indígenas y mestizos lo aprendieron durante las primeras décadas coloniales. En términos generales, la castellanización de los pueblos indios avanzó con lentitud durante los siglos siguientes, sin cubrir la totalidad del territorio, hasta el siglo XVIII en que la Corona mostró interés en considerar la unificación lingüística de las Indias y demás territorios conquistados (Guzmán Betancourt, 1997: 23-37).
Desde las primeras décadas posteriores a la conquista se requirió de la comunicación oral y escrita en castellano y en diversos idiomas locales con la administración colonial. Esta circunstancia ocasionó varias modificaciones en la escritura de los pueblos nahuas, que mostró numerosos cambios, pérdidas y diversas adquisiciones. Sin embargo, la continuidad en la elaboración de códices, paralela a la práctica del lenguaje oral indígena, favorecieron la adaptación de las imágenes y sus valores fónicos y simbólicos a la trascripción de términos en castellano. A su vez, fue posible representar objetos y significados propios de la cultura dominante con grifos tradicionales o con la adopción de nuevas imágenes adaptadas a las convenciones establecidas en la escritura desde la época prehispánica.
En varios estudios sobre la escritura nahua del siglo XVI, el doctor Joaquín Galarza analizó diferentes facetas de los cambios y adaptaciones observados en varios códices de esa época. Estos trabajos han permitido leer la documentación en forma más completa, con menos errores y, en consecuencia, entender mejor su contenido en estudios posteriores. Galarza estableció que el problema para los tlacuilos “radica en la representación pictográfica de los nuevos nombres tomados de la religión católica. Tratan de superarla explotando el carácter simbólico y a la vez fonético de su escritura tradicional”.
Un caso semejante se percibe en los grifos de cargos y títulos, pero en ellos no se presenta con la misma frecuencia el problema del simbolismo como en los nombres cristianos, sólo pocas veces se recurrió a representaciones de imágenes asociadas para registrar un cargo por su significado. Lo más importante era resolver la transcripción de los valores fónicos de los elementos que forman los grifos tradicionales y que reproducen los nombres de funciones administrativas, de méritos o grados y de oficios. 

martes, 2 de febrero de 2010

Las escrituras que privilegian la imagen: cuatro casos.

Anne-Marie Vié-Wohrer

Desde hace 100 000 años que el ser humano está capacitado para hablar pero sólo escribe desde hace 5 500 años. En la historia de la humanidad, únicamente una pequeña minoría ha practicado la escritura y hoy, a pesar de todo el tiempo transcurrido, todavía mil millones de personas no saben leer ni escribir. Actualmente existen veinticinco sistemas de escritura en el mundo: el sistema chino es el único de aquellos basados en la imagen que ha resistido a las vicisitudes de la historia.
La escritura es un sistema de signos, al igual que los gestos, los sonidos y las imágenes. Pero en qué difiere de éstos? Según el concepto occidental de escritura, ésta es, en primer lugar, un medio para registrar la lengua que le precede; y en segundo, un medio para conservar la formulación de una idea.
Muy a menudo se cree que la escritura es una transcripción de la lengua; sin embargo, se trata más de una traducción que de una transcripción porque siempre existe un “intervalo” entre lo pronunciado y lo escrito. La escritura se sitúa a mitad del camino en la confluencia del lenguaje (sonido) y de la imagen (grafía): coloca y distribuye en un espacio dado las palabras de la lengua.

Este trabajo trata del lugar que pueden ocupar las escrituras del México Central (“aztecas” y mixtecas) dentro del gran conjunto de las escrituras llamadas pictográficas, en oposición a las escrituras alfabéticas. Se presenta brevemente el origen geográfico e histórico, así como los principios generales que rigen cada una de las escrituras pictográficas más conocidas: la cuneiforme sumeria, la ideográfica china y la jeroglífica egipcia. Como conclusión se hablará de las concordancias posibles entre éstas y las escrituras mesoamericanas. Te invito a que leas este excelente trabajo en: “Los códices y la escritura mesoamericana” de la revista Desacatos. Revista de Antropología Socia. Publicación cuatrimestral del CIESAS, septiembre-diciembre de 2006.

lunes, 1 de febrero de 2010

Joaquín Galarza, el científico y el hombre: su legado a México y a la humanidad.

Miguel Ángel Recillas Gonzáles
Joaquín Galarza nació en San Luis Potosí, México, el 2 de octubre de 1928. Su conocimiento de la lengua francesa le permitió -tras haber obtenido la maestría y el doctorado en letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM- continuar sus estudios en París, donde obtuvo el diploma superior de bibliotecario. Trabajó en el ejercicio de esta profesión en la Biblioteca Nacional de Paris con el fondo mexicano, lo que le proporcionó el primer contacto con los códices resguardados en ella. Después desempeñó el puesto de bibliotecario especializado en la Biblioteca del Museo del Hombre. Ambas experiencias fueron fundamentales porque le despertaron el interés por el estudio de la etnología con el fin de acercarse más al contenido de los documentos indígenas. Obtuvo el doctorado en etnología en la Universidad René Descartes Sorbona, y posteriormente el doctorado de estado en letras y ciencias humanas en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en Francia. Para conseguir estos grados desarrolló dos tesis sobre documentos coloniales: Lienzos de Chiepetlan, en la que estudió documentos del estado de Guerrero; y Codex de Zempoala, manuscrito indígena del Estado de Hidalgo, México. En estos trabajos cimienta las propuestas metodológicas para el estudio de los códices, convirtiendo estos tratados en dos clásicos fundamentales para el estudio científico y exhaustivo de la escritura tradicional azteca.

ENFOQUE ETNOLÓGICO.
El principal y más conocido aporte de Galarza es el estudio de los códices desde un enfoque etnológico, que lo llevó a plantear y proponer un método científico para el desciframiento y lectura de los manuscritos indígenas tradicionales, cuyos resultados sirvieron de base para la teoría de la escritura azteca, en particular, y mesoamericana en general, así como para la continuación de los estudios sistemáticos contrastables por él mismo y por otros nvestigadores.
EL ESTUDIO DE LA LENGUA NÁHUATL.
Surgió en él la intención de estudiar la lengua náhuatl como lengua viva, es decir, una que sirve para la comunicación en la actualidad y que es utilizada en todas las actividades de la vida cotidiana, de manera que este conocimiento también contribuyera a una comprensión del llamado náhuatl clásico -utilzado en los códices- y para su posterior enseñanza. 
SU OBRA EDUCATIVA Y LA ENSEÑANZA DEL MÉTODO DE LECTURA DE CÓDICES.
Los aportes de Galarza en el campo educativo y didáctico -además de aquellos relativos a la enseñanza del náhuatl- también son variados, tanto que lo llevó a explicar también los resultados de la investigación sobre códices de manera lúdica y didáctica, adoptando sus técnicas a las posibilidades de los niños.
TRABAJO EN GRUPO.
Desde sus primeros trabajos exhaustivos de análisis de códices se percató de que abordarlo desde esta perspectiva era una tarea monumental que sólo se podría lograr con la formación de grupos de trabajo y la participación de especialistas en distintas áreas del conocimiento. sólo así se abría la posibilidad de abordar los diferentes contenidos temáticos de estos manuscritos y de los hablantes y especialistas de la lengua indígena en que están escritos.

viernes, 29 de enero de 2010

El estudio de los códices

Luz María Mohar Betancourt
Rita Fernández Díaz
La costumbre generalizada sobre el estudio de los códices todavía camina hacia la interpretación de estos manuscritos indígenas entendiéndolos como mera iconografía que ilustra la glosa española -postura iniciada a principios del siglo XVI y en gran medida vigente al inicio de este milenio- , un conjunto de investigadores se reúne para confrontar esta posición en torno a lo que el enfoque etnográfico teórico-metodológico galarziano propone: considerar el conjunto de glifos o pictografías como textos escritos con base en la imagen codificada como un complejo sistema plástico lingüístico que, antes de interpretarse, debe ser leído.
Desde el momento en que los españoles conquistadores del territorio mesoamericano se enfrentaron a los habitantes de esas nuevas tierras, algunos de ellos quedaron sorprendidos ante la majestuosidad y complejidad de los centros urbanos, de su organización y de la especialización lograda entre sus habitantes. En consecuencia, el reconocimiento de la existencia de la escritura en las culturas indígenas fue cuestionada. Algunos conquistadores y funcionarios no podían aceptar que existiese una forma de registro distinto a la escritura alfabética. Esta posición perduró durante varios siglos y todavía hoy es fuente de debate con la postura opuesta.
El interés de personajes europeos por el estudio de estos libros o amoxtli contribuyó, en gran parte, a la dispersión de la documentación que había sobrevivido a la conquista.
En este texto se entiende por códice “los manuscritos de los indígenas mesoamericanos que fijaron sus lenguas por medio de un sistema básico del empleo de la imagen codificada, derivada de sus convenciones artísticas” (Galarza, 1990: 15).
Los investigadores de los documentos pictográficos indígenas tradicionales o códices mesoamericanos legaron un importantísimo acervo de conocimiento construido durante más de 500 años, que ahora es cimiento de nuevas propuestas y enfoques interdisciplinarios. Sin embargo, la escritura carece, hasta el momento, de una disciplina científica que la tome como objeto de estudio; y si este no se ha realizado con profundidad, los estudios sobre la escritura mesoamericana son incipientes, sin fundamentos científicos y, casi siempre, llenos de interpretaciones despectivas.
A partir de 1960, y hasta la fecha, se realiza una serie de estudios sistemáticos que han gestado lo que hoy se conoce como Teoría de la escritura mesoamericana. Esta corriente afirma que los códices son manuscritos pictográficos indígenas tradicionales, que conforman una compleja escritura a partir de la imagen codificada. Los investigadores a ella adscritos han desarrollado un método cuyo análisis sistemático, exhaustivo y científico trata de dar cuenta de la totalidad de los elementos en los códices. Este método está creado de tal manera que puede ser aplicable a los diferentes grupos de manuscritos indígenas tradicionales. Joaquín Galarza, iniciador de esta línea de estudios, elabora y desarrolla las bases de la teoría de la escritura mesoamericana y propone este procedimiento, cuyo propósito es efectuar un verdadero descentramiento del ojo occidental para descubrir leyes y reglas, a distintos niveles, así como funciones variadas en los signos que conforman el complejo sistema de escritura (Galarza, 1979). A partir de esta propuesta teórico-metodológica, el análisis de los documentos pictográficos indígenas da un vuelco en esa dirección. Su aplicación ha permitido obtener resultados importantes en lo relativo a leyes y convenciones del sistema.

jueves, 14 de enero de 2010

Mamíferos terrestres nativos de México

Fernádo A. Cervantes
Alondra Castro-Campillo
José Ramírez-Pulido


A México se le reconoce como el territorio del continente americano con el mayor número de especies silvestres de mamíferos nativos (Ramírez-Pulido y Castro-Campillo, en prensa) y se encuentra en segundo lugar a nivel mundial (Mistermeier y Goettsch de Mittermeier, 1992).
Es sabido que como parte fundamental del conocimiento y estudio de la diversidad mastozoológica mexicana para llegar a la elaboración de inventarios biológicos precisos, se requiere de la participación eficiente de las colecciones científicas (León Paniagua, 1989). En estos acervos biológicos se genera el conocimiento sobre el tipo y número de especies en cuestión, los nombres científicos en uso corriente y su arreglo sistemático. Es por ello que, una compilación sobre los mamíferos nativos terrestres mexicanos con los cambios taxonómicos y nomenclatoriales recientes es importante para definir adecuadamente el tipo y número de especies del país, para agilizar el funcionamiento de las colecciones mastozoológicas y para diversos fines.
Una lista es una guía básica susceptible de modificaciones posteriores, de acuerdo con los cambios taxonómicos y nuevas especies que se den a conocer, por lo que se justifica plenamente la revisión constante y la publicación periódica de este tipo de información.
La lista que se presenta se basa fundamentalmente en:
1.       la revisión de ejemplares de mamíferos depositados en las Colecciones Mastozoológicas de la UAM de la Unidad Iztapalapa y del Instituto de la UNAM.
2.       Las referencias de Ramírez-Pulido y Castro Campillo (1990) y Ramírez-Pulido et al. (1983, 1986).
3.       Las referencias sobre el tema publicadas de 1988 a la fecha.
Las colecciones mastozoológicas tradicionalmente asignaban un orden filogenético hasta el nivel de especie y dentro de ésta, las subespecies se ordenaban alfabéticamente. Actualmente, se prefiere ordenar los ejemplares de manera distinta por la facilidad que representa su mantenimiento y consulta. Esto es, se conserva el orden filogenético hasta subfamilia pero tanto los géneros como las especies se acomodan alfabéticamente.
Se enumeraron 450 especies de mamíferos silvestres nativos de México, las cuales quedan comprendidas en 157 géneros, 35 familias y 10 órdenes. Nueve géneros son endémicos, lo mismo que 140 especies. En su conjunto, este acervo mastozoológico constituye la diversidad biológica hasta el momento conocida para estos vertebrados (Ramírez-Pulido y Castro-Campillo, en prensa).

viernes, 11 de diciembre de 2009

Perro


Lámina 11 del Códice Borgia.



Lámina 13 del Códice Borrgia.

 
Lámina 23 del Códice Borgia.

 
Lámina 54 del Códice Borgia.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Perros

Coyote


                                                        Lámina 10 del Códice Borgia.


Lámina 64 del Códice Borgia.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Género Canis


En el orden Carnívora, familia Canidae, se encuentra el género Canis. Éste género se originó probablemente en América del Norte a finales del Plioceno o comienzos del Pleistoceno. Actualmente se le encuentra en estado salvaje en América, Europa, África, Asia y Australia; siendo su distribución geográfica casi idéntica a la del ser humano; es decir, se distribuye en casi todo el mundo.


Los individuos del género muestran una gran variedad de tamaños, desde los 75 kg que puede alcanar Canis lupus hasta los 12 kg de Canis mesomelas o menor para variedades domésticas de perro que a veces no superan el kilogramo.


No se sabe el número exacto de especies pues la disputa principal es si se le considera al perro y al dingo subespecies de Canis lupus o como especies.  Respecto a Canis rufus y Canis lycaon hay dudas sobre su validez por lo que no se sabe si considerarlas o no.

De acuerdo con Ostrander (2008) en la clasificación que propone  -basado en estudios filogenéticos para la familia Canidae-  las especies consideradas para el género Canis son: Canis adustus (chacal rayado), Canis aureus (chacal dorado), Canis latrans (coyote), Canis lupus (lobo común), Canis mesomelas (chacal de dorso negro), Canis rufus (lobo rojo), Canis simensis (chacal del Semién o lobo etíope). El perro doméstico (Canis lupus familiaris) es considerado como subespecie de Canis lupus.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Cánidos





Imagenes obtenidas de: http://sp3.fotologs.net/photo/3/42/58/animalesalvajes/1188327486_f.jpg

Familia Canidae

Es una familia del Orden Carnívora que incluye a perros, lobos, zorros, coyotes y chacales. La característica principal es que son de régimen carnívoro u omnívoro; es decir, que se alimentan de otros animales vivos o muertos (carnívoros) o que su sistema digestivo es capaz de asimilar carnes y vegetales (omnívoros).
Además de ser todos digitígrados lo que les confiere la habilidad de ser más rápidos y más silenciosos que otros debido a que se trata de animales que permanecen o caminan apoyando solamente los dedos de sus patas.


Para las especies actuales, los estudios genéticos han permitido distinguir cuatro grupos filogenéticos principales (Ostrander, 2008): el que incluye al zorro común (géneros Vulpes, Alopex, Nyctereutes y Otocyon), el que incluye al lobo común (Canis, Cuon y Lycaon), las especies sudamericanas (Atelocynus, Cerdocyon, Dusicyon, Pseudalopex, Chrysocyon y Speothos) y por último el género Urocyon.

martes, 24 de noviembre de 2009

Jaguar

 
Lámina 24 del Códice Borgia.

 
Lámina 30 del Códice Borgia.

 
Lámina 44 del Códice Borgia.

 
Lámina 50 del Códice Borgia.

  
Lámina 60 del Códice Borgia.

 
Lámina 63 del Códice Borgia.

  
Lámina 70 del Códice Borgia.


miércoles, 11 de noviembre de 2009

Jaguar


 
Lámina 10 del Códice Borgia.

 
Lámina 12 del Códice Borgia.

 
Lámina 18 del Códice Borgia.

 
Lámina 21 del Códice Borgia.

Este tema de la familia Felidae y en específico de Panthera onca puede complementarse con las entradas anteriores de sobre el Jaguar en dónde se resume un artículo de Yolotl González Torres y una conferencia de Carmen Valverde; se encuentran en éste mismo Blog en la entrada Artículos y la entrada Conferencia, respectivamente.

Familia Felidae

Esta familia agrupa alrededor de 36 especies de felinos, incluyendo al gato doméstico (Wilson y Reeder, 1993). Se encuentran prácticamente distribuídos en todos los continentes con excepción de Oceanía y la Antártica. En México se distribuyen seis especies que representan a cinco géneros (Herpailurus, Leopardus, Lynx, Panthera y Puma). El puma (Puma concolor) es la especie con mayor distribución ya que en tiempos históricos se encontraba en todo el país. El jaguar (Panthera onca), el ocelote (Leopardus pardalis) y el margay (L. wiedii) se distribuyen principalmente en las regiones tropicales y el gato montés (Lynx rufus) en las regiones templadas.
 

Panthera onca (Linnaeus, 1758).
Jaguar, tigre.
El jaguar es el felino de mayor tamaño en América. El color de la piel varía de amarillo pálido a café rojizo y cambia a blanco en los carrillos, pecho y parte interna de las extremidades. En todo el cuerpo tiene manchas negras, que en los costados cambian en rosetas, dentro de estas puede haber una o más manchas pequeñas. Cazadores y campesinos distinguen tres tipos de jaguares en cuanto a su coloración: el tigre mariposo, marcado con manchas que forman rosetas grandes; el tigre pinta menuda el cual tiene rosetas pequeñas. En una misma región se pueden encontrar ambos tipos de coloración, ya que no representan variedades diferentes. Finalmente, el tigre negro es melánico, de color negro o pardo negruzco, con marcas visibles en la luz oblicua (Hoogesteijn y Mondolfi, 1993).

jueves, 5 de noviembre de 2009

ORDEN CARNÍVORA

Este Orden, representado por alrededor de 271 especies, tiene una distribución prácticamente cosmopolita, con excepción de Australia, Nueva Zelanda, Antártica y algunas islas del Pacífico (Wilson y Reeder, 1993). Los carnívoros se caracterizan por estructuras especializadas para una alimentación basada en carne, como caninos muy desarrollados, premolares y molares adaptados para cortar y triturar, y poderosos maxilares. Presentan los sentidos de la vista, la audición y el olfato muy desarrollados, lo que los hace eficientes depredadores de toda clase de animales, desde pequeños insectos hasta grandes mamíferos (Nowak, 1999).
En general se alimentan exclusivamente o en gran parte de carne. Sin embargo, la dieta de muchas especies comprende cantidades variables de materia vegetal, y en algunos casos, como el del panda (Ailuropoda melanoleuca), la alimentación es casi exclusivamente vegetariana (Nowak, 1999). La mayoría de las especies se reproduce una vez al año y el tamaño de la camada varía de 1 a 15 crías. Algunas familias como los mustélidos presentan implantación retardada, fenómeno en el cuál el óvulo fecundado permanece latente, sin desarrollarse el embrión, por un período prolongado. Las crías son altricias, ya que nacen poco desarrolladas, con los ojos cerrados e incapaces de sobrevivir por sí solas. El cuidado parental es complejo y muchas de las conductas como la cacería son aprendidas (Gittleman, 1996).
Los carnívoros se encuentran entre los mamíferos más amenazados por las actividades antropogénicas, como la destrucción de su hábitat, la cacería, la explotación irracional, la destrucción de especies consideradas depredadores y la introducción de enfermedades.

martes, 3 de noviembre de 2009

PRIMATES

Seler consideró que para los pueblos mexicanos y centroamericanos el mono era un animal alegre, el animal de la diversión y el del entretenimiento, y como tal se le asociaba con el canto y el baile, pero por otro lado también con el placer prohibido, con el pecado y el castigo del pecado, la muerte.    
Lámina 13 del códice Borgia.
 
Lámina 17 del Códice Borgia.  
Lámina 20 del Códice Borgia.  
Lámina 24 del Códice Borgia.    
Lámina 49 del Códice Borgia.