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viernes, 12 de febrero de 2010

Códice Borgia


En muchos estudios se considera que la escritura mesoamericana está muy relacionada con el arte pues se generó a partir de verdadero pensamiento conceptual; es decir, lo que le da el carácter artístico es que las imágenes se usan como representación plástica y/o como signos de escritura. De aquí que se considere entonces al tlacuilo un artista, pues utilizaba este tipo de escritura al elaborar los códices.

Láminas 20 y 21 del Códice Borgia.

Láminas 22 y 23 del Códice Borgia.

Láminas 24 y 25 del Códice Borgia.


 Láminas 26 y 27 del Códice Borgia.

CARÁCTER DEL CÓDICE BORGIA

En su aspecto y presentación el manuscrito está elaborado en catorce tiras de piel curtida de ciervo las cuales miden aproximadamente 27cm y distinto largo. Estas tiras se unieron de tal manera que forman una larga tira de 10.34m revestida a ambos lados de una delgada capa de estuco y plegada a manera de biombo, de modo que resultan 39 secciones pintadas a ambos lados, cada una de 27 x 26.5cm con un largo total de 1027cm a 1034 cm aproximadamente. Sólo los dos lados exteriores del paquete de pliegues no tienen dibujos pues en ellos iban pegadas las cubiertas de madera. Las tapas que lo cubren actualmente no son las originales sino unas de madera que se colocaron mucho tiempo después. Para hacer alguna lectura del códice, cada una de las largas tiras se colocaban horizontalmente comenzando así a leer de derecha a izquierda. La variante más usada es la del bustrofedon o lectura en zigzag, de abajo hacia arriba.

Portada y contraportada del códice Borgia



Se distingue de los demás no sólo por su tamaño o por el estilo de sus dibujos, sino sobre todo por tener una serie de láminas con imágenes que representan al planeta Venus, astro en torno al cual giraban las concepciones astronómicas y mitológicas de los mexicanos y centroamericanos, en su viaje a través del Infierno (Seler, 1963).



lunes, 8 de febrero de 2010

HISTORIA DE LOS CÓDICES MEXICANOS.


Manuel A. Hermann Lejarazu.
CÓDICE BORGIA.

Actualmente continúa siendo materia de debate entre diversos especialistas no sólo el lugar de origen de uno de los manuscritos religiosos más importantes de la antigua Mesoamérica, sino también la manera en la cual pudo haber sido adquirido ese documento por el cardenal italiano Stefano Borgia hacia la segunda mitad del siglo XVIII.
Se debe a Alejandro de Humboldt no de los relatos más populares acerca de la historia del códice pues menciona que al pertenecer a la familia Giustiniani cayó en manos de los sirvientes de esa casa y posteriormente a los hijos de éstos; cuenta también, que el Cardenal Borgia lo rescató el manuscrito cuando estos niños lo estaban quemando. (Seler, 1963, p. 9).
Recientes investigaciones, llevadas a cabo por Anders, Jansen y Reyes García en los archivos de la Congregación, revelan que el Cardenal Borgia era un verdadero erudito que compartía su colección científica con numerosos intelectuales de la época. Especialmente valioso para su museo era el “códice mexicano”, por lo que nunca reveló cómo logró adquirirlo. Por lo tanto, Anders, Jansen y Reyes García consideran inverosímil la historia escrita por Humboldt, pues opinan que uno de los herederos de Borgia puso en circulación esa anécdota para reforzar su posición en un pleito legal.
Una segunda versión acerca de la adquisición del manuscrito fua publicada por el padre Franz Ehrle en su estudio introductoria a la edición facsimilar del Códice Borgia de 1898. Afirmó que el códice había sido salvado de un auto de fe en alguna plaza de México y que un ex alumno lo había sacado del fuego para posteriormente enviárselo a Stefano Borgia en 1762. sin embargo, Anders, Jasen y Reyes García señalan que tal historia tampoco es convincente, ya que el documento debió haber llegado a manos de algún italiano en el curso del siglo XVI, pues en la página 68 se observan varias anotaciones escritas en ese idioma cuya letra o caligrafía corresponde al estilo entonces en uso.
Existe la referencia de don Francisco del Paso y Troncoso en sus comentarios al Códice Borbónico publicados en 1898 en donde señala que el cardenal Borgia “salvó del olvido y probablemente de la destrucción” el códice que lleva su nombre (Del Paso y Troncoso [1898] 1981, p. 54), pero tampoco menciona el famoso pasaje de la “quemazón infantil”.
Ander, Jansen y Reyes García opian que una pista más sólida se encuentra en la interpretación de Lino Fábrega; pues según éste último, l manuscrito fue en efecto salvado de las llamas, pero durante varios siglos permaneció ignorado en plazas y gabinetes de América y Europa. Por lo tanto, es posible que el códice haya sobrevivido a algún “auto de fe” efectuado en el siglo XVI y que por mucho tiempo estuviera en posesión de diversos coleccionistas, hasta que por razones desconocidas fue vendido u obsequiado a Borgia. No obstante, Batalla Rosado (2008) ha externado sus dudas sobre esta última versión.